También es familia la pareja sin hijos
También es familia la pareja sin hijos. O porque no han llegado a tenerlos todavía, o porque no pueden llegar (por ejemplo en un matrimonio de mayores), o porque los retoños ya crearon su propio nido… ¡Qué bella historia de amor la de dos mayores ofreciéndose atenciones en un simple paseo, en una visita al médico, en la preparación de un rico guiso...!
Así que el corazón del matrimonio, a cualquier edad, es el amor del hombre y la mujer. Los hijos, naturales o adoptados, serán una bendición, un regalo de Dios, si llegan. Y, si no llegan, el regalo de Dios será la mutua entrega de estos dos seres de luz, apoyados uno en el otro, caminando juntos hacia la plenitud del encuentro con la Familia Trinitaria.
Os invito a asomaros a la relajada intimidad de una feliz pareja. Cierra José Luis Cano su poema “La tarde” con estos entrañables versos
Cada día toco con mis manos la dicha,
la beso con mis labios,
la dejo que se aduerma dulcemente en mi pecho,
que se despierte luego estremecida
como un hermoso sueño.
Enfrente el cielo, los pájaros y tu boca entreabierta,
sobre la calle con acacias y niños,
delicada y trémula como una sonata.
Y desde mi terraza, íntima como una caricia,
ávido sorbo la tarde y su hermosura,
contemplo el avión rasgar sereno el aire puro,
y casi toco, acaricio con mis dedos la luna inmensa
posada con ternura sobre un chopo cercano.
Poca cosa es lo que hace falta a veces para sentir la dicha:
una luz, una flor, una brisa, una mano en la nuestra,
o esta tarde que parece de carne, de suavísimo nácar,
tarde entregada para un mirar lentísimo,
para despacio entrarla, como un sueño, en el alma,
para besarla pura, inmaterial, celeste.
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